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martes, 28 de mayo de 2013

Entrevista a Zoila Vega Salvatierra en El Comercio - Arequipa

El Comercio - Entrevista de Jorge Malpartida
Zoila Vega presentó ayer su novela “Acuarelas”, publicada por La Travesía Editora del sello Ciudad Editorial. En esta entrevista habla de los capítulos de su infancia que inspiraron el libro y de cómo acopla sus facetas de musicóloga y docente a su oficio de escritora.

 
Por: Jorge Malpartida Tabuchi

 
 (Publicada en la edición regional de El Comercio Arequipa el sábado 20 de abril del 2012).

 
Las paredes de la sala de Zoila Vega están rodeadas de imágenes de la campiña de Arequipa. Estas bellas acuarelas son obra de su padre, el poeta Alberto Vega, y le sirvieron de materia prima a Zoila para idear la trama de “Acuarelas”, su última novela. El libro narra la búsqueda incesante de un profesor universitario chileno por conocer el origen de unos cuadros que se exponen en una muestra de arte republicano de ese país. Sin embargo, para la autora esta historia es solo una excusa para hacer una alegoría sobre lo absurdo que puede llegar a ser el odio entre el Perú y Chile y de cómo el rencor entre dos naciones puede destruir incluso el arte y el amor.

—¿Qué tan presente en su vida ha estado la pintura?
Mi casa siempre ha estado decorada con las acuarelas que mi padre pintaba durante sus paseos al campo. Desde muy pequeña, él me enseñó las técnicas de la acuarela, pero su gran fracaso fue que nunca aprendí a pintar como él. Sin embargo, conozco la teoría, así que, mientras estaba sentada con mi laptop en la sala de mi casa y miraba las acuarelas de mi padre, tuve una ventana de ingreso al mundo de fantasía que retrato en mi novela.

—¿Entonces puede decirse que es una pintora frustrada?
[Risas] Efectivamente. Mi padre es muy exigente al momento de enseñar, él también me enseñó a escribir y, por ejemplo, el énfasis que ponía para que respetara la gramática y ortografía hizo que al final aprendiera muy bien la teoría literaria. Cuando quiso enseñarme a pintar fue igual de exigente, pero yo lo mandé por un tubo y no le hice caso. Fue una muestra de rebeldía a los 4 años.  Este libro es una forma de sacarme el clavo al apropiarme de sus acuarelas de una forma literaria.

—¿Las acuarelas de su padre fueron el único catalizador de la historia?
También quise describir Chile, en donde viví por un tiempo mientras estudiaba mi maestría. Pero, sobre todo, siempre me ha llamado la atención hablar de este ambiente casi bélico en el que vivimos peruanos y chilenos. En 1979, cuando se conmemoraba el centenario de la Guerra del Pacífico, yo estaba en primaria así que fui criada en medio del revanchismo y de los deseos del Gobierno de reconquistar los territorios perdidos. Sin embargo, cuando eres adulto conoces a tus supuestos enemigos y todo eso te parece muy ridículo. La novela es una alegoría de lo absurdo de esos odios que seguimos prolongando a través de las generaciones.

—¿Estamos empecinados en mantener un estado de guerra eterno?
Hay odios entre peruanos y chilenos por motivos absolutamente intrascendentes. Una guerra es algo realmente desastroso y no estoy segura de que hayamos aprendido lo que significó el conflicto con Chile para nosotros. Una guerra no es un tema del que debería hablarse a la ligera. Debe hacerse lo imposible para no llegar a ese extremo porque genera odios, segregación, revanchismo. También destruye formas de vida y hasta afecta el arte y las carreras de las personas.

—¿Cómo se acopla la escritura con su verdadero trabajo, la música?
Necesito escribir para no volverme loca ni saltar por una ventana por el estrés. La música: enseñar, tocar el violín, dirigir una orquesta, es lo que hago para vivir, es mi trabajo y lo disfruto mucho. Pero cuando alguien luego del trabajo quiere relajarse se pone a escuchar su música favorita. Yo no puedo hacer eso, entonces, escribo. Pero que no se entienda que esto es un hobby, yo me lo tomo muy en serio. Escribir me ha ayudado mucho en la vida.

—Para narrar en este libro se vale de recortes de periódicos y cartas. ¿De dónde nace esta idea?
Soy musicóloga. Eso me ha acostumbrado a lidiar con recortes, archivos personales y correspondencia, elementos que permiten al investigador mirar los hechos desde diferentes perspectivas. En esta novela volqué, además, mi experiencia como docente. Así como el protagonista, también soy una profesora curiosa que se pasa la vida en bibliotecas y archivos. Si tengo experiencias que sirven para la historia que quiero contar, las incorporo.

—¿De dónde le viene el gran sentido del humor que posee?
Ser bromista es como mi mecanismo de defensa. Reírme es la mejor forma que tengo para protegerme. Además, la ironía es una herramienta de análisis. Pero que no me confundan con una persona despreocupada, me tomo las cosas demasiado en serio. Me importa lo que hago y me preocupa tanto hacerlo bien que a veces no duermo. Está bien que uno se la pase estresada pero no por eso, además, voy a estar triste.

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Autoficha:
Nací en Arequipa en 1973. Fui directora de la Orquesta Sinfónica de Arequipa.
Soy profesora de violín, un instrumento que toco desde los tres años en la Escuela de
Artes de la UNSA. Mi primera novela “Cápac Cocha”, ganó el Premio de Novela Corta Julio
Ramón Ribeyro del Banco Central de Reserva en el 2006.
He publicado investigaciones sobre la música de la Catedral de Arequipa, el compositor
Roberto Carpio y la vida musical en la ciudad durante el oncenio de Leguía. Dirijo la Orquesta de Cámara Caliope y estoy casada desde hace cuatro años con un abogado.
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